Mi primera cama en Australia fue un colchón inflable en un cuarto que compartía con más gente. Se desinflaba a media noche y amanecía en el piso. Ese fue el punto de partida.
El punto de llegada fue un apartamento solo para mi pareja y para mí. Entre una cosa y la otra pasaron cuatro años y muchísimas casas.
¿Cuánto tiempo toca compartir casa en Australia?
En mi caso, cuatro años. Compartir es lo normal entre estudiantes y recién llegados, porque un arriendo solo se lleva una parte enorme del sueldo.
No conozco casi a nadie que llegue y viva solo desde el principio. La matemática no da: el arriendo de un lugar propio compite directamente con la matrícula, y cuando estás empezando y trabajando por horas, compartir no es una elección estética, es lo que permite que las cuentas cuadren.
Y ojo, compartir no significa lo mismo para todos. Hay quien comparte apartamento con cuarto propio, y hay quien comparte cuarto con dos o tres personas más. La diferencia de precio es enorme y la diferencia de calidad de vida también. Para ver rangos por ciudad y tipos de arriendo, mira dónde vivir al llegar a Australia y cuánto cuesta el arriendo.
¿Con quién viví durante esos años?
Con gente de medio mundo: una roommate china, una coreana y un coreano, una australiana, colombianas y parejas de colombianos. Todo en pocos años.
La casa que mejor recuerdo tenía esta configuración: mi roommate era china y compartíamos cuarto. En otra habitación vivían una colombiana y una australiana. En la sala —sí, en la sala, con divisiones— dormía una coreana. Y en otro cuarto había un coreano. Éramos seis personas de cuatro países en una casa.
Después viví con una pareja de colombianos. Más adelante tuve mi propio lease y fui yo quien recibía gente: compartí con parejas de colombianos y con mi pareja. Y solo después de esos cuatro años dejamos de compartir y tuvimos apartamento propio.
¿Qué fue lo mejor de compartir casa?
El inglés y la red. Con una china, dos coreanos y una australiana en la casa, el idioma común era el inglés todos los días.
Esa casa multicultural me enseñó más inglés que cualquier salón. No era inglés académico: era inglés de negociar el turno de la lavadora, de explicar por qué la olla estaba sucia, de contar cómo te fue en el trabajo a las once de la noche. Inglés real, con acentos distintos, que es exactamente el que necesitas en la vida.
Lo segundo mejor fue la información. En una casa compartida circulan las vacantes antes de que salgan publicadas, los datos de qué agencia paga bien, quién necesita a alguien el sábado. Mi red laboral de los primeros años salió casi toda de las cocinas de esas casas. Sobre cómo se arma esa red desde cero escribí en cómo hice mi primer grupo de amigos.
Y lo tercero: aprendí a comer cosas que no conocía y a que me miraran raro por lo que yo cocinaba. Eso también educa.
“Aprendí más inglés peleando por el turno de la lavadora que en cualquier salón de clase.”
¿Qué fue lo incómodo?
La falta de privacidad, el baño compartido entre muchos, los horarios cruzados y las diferencias culturales sobre limpieza y ruido. Todo eso desgasta.
Voy a ser honesta porque de esto casi nadie habla. Compartir cuarto significa que no tienes un espacio propio en el mundo. Llegas de un turno de limpieza a las seis de la mañana y alguien está durmiendo. Quieres llorar y hay alguien al lado. Quieres hablar con tu mamá y tienes que salir al frío.
Las diferencias culturales sobre lo que es estar limpio son reales y no son de mala fe: cada quien creció con normas distintas. Los horarios también chocan —el que trabaja de madrugada contra el que estudia de noche—. Y la plata genera roces: la cuenta de la luz, quién compró el papel higiénico, quién se comió qué.
Nada de eso es tragedia. Pero sumado a la adaptación de los primeros meses, pesa. Si estás pasando por eso ahora mismo, te va a servir lo que cuento de mis primeros días: mucho de lo que se siente como fracaso es simplemente cansancio.
Lo que aprendí y hoy le digo a todo el mundo
Cinco cosas concretas, sacadas a golpes:
- Nunca pagues varios meses por adelantado a alguien que no conoces, y menos sin ver el lugar. Los recién llegados son el blanco favorito de las estafas de arriendo.
- Pregunta antes de firmar cuántas personas viven realmente ahí. El anuncio dice tres, la casa tiene siete.
- Habla de las reglas el primer día, no cuando ya estés molesto: limpieza, visitas, ruido, cuentas. Diez minutos de conversación incómoda evitan meses de tensión.
- El cuarto compartido está bien para arrancar, no para quedarte. Ponte una meta: tres o seis meses, y de ahí subes a cuarto propio aunque cueste más.
- Cuidado con el lease a tu nombre. Cuando yo tuve el mío, quedé responsable de todo: si alguien se iba, el arriendo seguía siendo mi problema. Eso da libertad y da estrés.
Para calcular cuánto de tu presupuesto se te va a ir en esto, revisa cuánto dinero necesitas al mes para vivir en Australia siendo estudiante y confirma las cifras vigentes antes de decidir, porque los arriendos se mueven cada año.
Lo que yo haría en tu lugar
Yo llegaría con alojamiento temporal pagado para las primeras semanas y buscaría el lugar definitivo ya estando allá, viendo las casas con mis propios ojos. Alquilar a ciegas desde Colombia es la forma más rápida de perder plata.
Y no me avergonzaría del colchón inflable. Casi todos empezamos ahí. Si quieres, cuéntame en qué ciudad vas a llegar y te digo qué buscar y qué evitar en los anuncios.