Mi primera semana en Melbourne saludé de beso y abrazo a una compañera de casa china. La mujer casi se desmaya. Yo no entendí nada: para mí eso era decir buenos días. Para ella fue un asalto en la cocina a las siete de la mañana.
Ese fue el primero de muchos. Llegué en febrero de 2017 sin hablar inglés, y descubrí rapidísimo que el idioma era el problema chiquito. El problema grande era que yo funcionaba con un manual de instrucciones que allá no servía. Estas son las cinco cosas que más nos sorprenden.
¿Cómo se saluda en Australia?
En Australia se saluda de palabra: un hola, un buenos días, un gesto con la cabeza. El beso en la mejilla no se usa entre desconocidos y el abrazo se reserva para gente cercana.
Nosotros llegamos con el cuerpo por delante. Tocamos el brazo cuando hablamos, nos acercamos, nos despedimos de beso hasta de la señora que nos vendió el pan. Allá el espacio personal es más ancho y nadie te va a decir que lo estás invadiendo — simplemente van a dar un paso atrás y tú vas a sentir que hiciste algo mal sin saber qué.
No es frialdad. Es otro código. Si te da pena arrancar, copia: mira cómo saludan entre ellos los primeros días y haz lo mismo. Y si te toca un salón lleno de gente de veinte países, como me pasó a mí el primer día de clase, vas a ver que ni entre ellos hay un solo código.
¿Los australianos son realmente tan puntuales?
Sí. En Australia la hora acordada es la hora real: si el turno empieza a las 8:00, a las 8:00 ya estás trabajando, no llegando. Llegar tarde se lee como falta de respeto.
En Colombia decimos las siete y todos entendemos las siete y media. Allá eso no existe. Yo perdí turnos por llegar cinco minutos tarde y me sentí injustamente tratada, hasta que entendí que para ellos mi retraso no era un detalle: era yo diciéndole al equipo que mi tiempo vale más que el suyo.
Esto aplica a todo, no solo al trabajo: la cita médica, la inspección de la casa que quieres arrendar, el examen. Y aplica al revés también — te van a atender a la hora, y si llegas tarde te reprograman sin drama y sin culpa.
¿A qué hora cierra todo en Australia?
Mucho más temprano de lo que esperas. En varios barrios las tiendas cierran alrededor de las cinco de la tarde entre semana, y la vida social arranca y termina antes que en Colombia.
Este me tomó meses de asimilar. Uno viene de un país donde a las nueve de la noche todavía hay droguería abierta, tienda abierta, gente en la calle. Allá salí varias veces a las seis de la tarde a comprar algo y me encontré la calle apagada, con las rejas abajo y yo con cara de tonta.
La consecuencia práctica: aprende a hacer mercado y diligencias antes, no después. Los centros comerciales grandes y los supermercados suelen tener horarios más largos, y en cada ciudad hay un día de la semana en que abren hasta tarde, pero no lo asumas — averígualo en tu barrio la primera semana.
Los desconocidos te hablan, y eso no significa amistad
Este es el que más nos confunde. En Australia el cajero te pregunta cómo va tu día, el del bus te dice mate, el vecino te saluda en el ascensor y te comenta el clima. Uno llega y piensa: qué gente tan cálida, ya hice un amigo.
Y no. Esa amabilidad de superficie es real y es genuina, pero es amabilidad, no vínculo. La amistad allá se construye lento, y es perfectamente posible tener conversaciones agradables todos los días durante un año y seguirte sintiendo solo. Yo lo viví. De eso escribí completo en cómo hacer amigos australianos sin quedarte en la burbuja latina, y también en por qué la soledad es real aunque haya comunidad latina.
“Me tomó como un año entender que en Australia la gente puede ser amable contigo todos los días sin que eso te haga parte de nada.”
¿Se habla de plata y de trabajo igual que en Colombia?
No. En Australia se habla del sueldo por hora con total naturalidad, y ningún trabajo se considera vergonzoso. Pero preguntar por la vida privada de alguien recién conocido sí incomoda.
En Colombia el sueldo es un secreto y limpiar es un trabajo del que uno no habla en la mesa. Allá me pasó al revés: la gente comparte cuánto le pagan la hora sin bajar la voz, comparan tarifas, se dicen entre ellos si les están pagando mal. Esa transparencia me salvó de que me robaran el sueldo más de una vez.
Y el trabajo manual no tiene el estigma que tiene acá. Yo limpié casas, estadios y tranvías con un título bajo el brazo — de eso hablo en cómo fueron realmente mis trabajos en Australia — y nunca nadie me miró por encima del hombro por eso. Lo que sí me sorprendió al revés: preguntarle a alguien recién conocido si tiene novio, cuántos años tiene o cuánto paga de arriendo se percibe como intrusivo. La plata sí, la vida privada no. Justo lo contrario de nosotros.
Lo que yo haría en tu lugar
No trates de dejar de ser colombiano. Eso no funciona y además es agotador. Lo que sí funciona es observar antes de actuar las primeras semanas, y entender que cuando algo te choque probablemente no hay maldad detrás, solo un código distinto.
Lo segundo: el humor va a ser tu prueba más dura, porque te van a molestar de frente y no vas a saber si te están agrediendo o adoptando. Léete el humor australiano explicado para latinos antes de viajar, te va a ahorrar meses de confusión. Y si quieres saber cómo se siente aterrizar sin nada de esto claro, ahí está el error más grande que cometí al llegar a Melbourne.
Si estás en la etapa de decidir y quieres hablar de tu caso concreto — tu ciudad, tu presupuesto, tu inglés — escríbeme por WhatsApp y lo miramos juntos, sin afán.