De todo lo que viví en Australia, lo que más agradezco no son los logros profesionales: son las personas. Este artículo es, básicamente, una carta de agradecimiento.
Camila, la desconocida que se convirtió en mi voz
Ya la mencioné en artículos anteriores, pero merece su propio espacio. Camila era una desconocida a la que le escribí por Facebook mi primer día en Melbourne, asustada y sin hablar inglés. Respondió en minutos, y desde ese día se convirtió en mi voz en un país donde yo todavía no tenía una: me ayudó a conseguir trabajo, a entender la cultura, a no rendirme.
Mis primeros amigos, sin un idioma en común
Mis primeros amigos de verdad en Australia no hablaban español. Eran compañeros de clase de Tailandia, China y Laos. No hablaban inglés fluido, y yo tampoco, así que nos comunicábamos como podíamos: señas, risas, dibujos. Fue, sin exagerar, mi primer grupo de amigos en ese país — y algunas de esas amistades siguen vivas hoy.
"Nos hicimos amigos a punta de no entendernos, y esos intentos torpes fueron mis primeras verdaderas lecciones de inglés."
"Las Espontáneas": familia por videollamada
Durante la pandemia, uno de los confinamientos más largos del mundo fue en Melbourne. Casi dos años de puertas cerradas. En medio de esa soledad, me uní a un grupo de mujeres latinas que se conectaban cada sábado por videollamada para cocinar, hablar de libros y de la vida. Nos hicimos llamar "Las Espontáneas".
Nunca coincidimos en persona durante ese tiempo, pero esas videollamadas fueron, literalmente, lo que me sostuvo durante uno de los periodos más duros del encierro. A veces la familia que más necesitas aparece en el momento más inesperado — y no siempre en persona.
Los compañeros que se pusieron de mi lado
También tuve la fortuna de encontrar personas en mis trabajos que me defendieron cuando más lo necesitaba — supervisores justos, compañeros que confiaron en mí incluso cuando mi inglés apenas alcanzaba, jefes que me dieron una oportunidad que no tenían por qué darme.
La lección detrás de todo esto
Cuando uno se va lejos, es fácil pensar que va a estar solo. Yo también lo pensé. Pero aprendí que la familia no siempre es la que dejas en casa: a veces es la que construyes con la persona que responde tu mensaje desconocido en Facebook, con la compañera que se ríe contigo de tus errores de inglés, con el grupo de videollamada de los sábados.
En LEM creemos tanto en esto que parte de lo que hacemos es justamente eso: acompañarte para que no tengas que construir esa red completamente solo, desde cero, como me tocó a mí.