Mi mamá me metió diez latas de atún en la maleta. Yo me reí en el aeropuerto de El Dorado. Esas diez latas fueron literalmente mi plan de supervivencia los primeros diez días en Melbourne, cuando no conocía a nadie, no sabía dónde quedaba el supermercado y contaba cada dólar como si fuera el último.
La comida es de las cosas que más duelen y de las que menos se hablan. No es hambre: es que el sabor de tu casa es memoria, y cuando no lo tienes te sientes más lejos de lo que estás.
¿Se consigue comida colombiana en Australia?
Sí, en las ciudades grandes hay tiendas latinas y secciones latinas en supermercados. Consigues buena parte de lo básico, pero pagando bastante más de lo que cuesta en Colombia.
En Melbourne, Sídney y Brisbane hay tiendas latinoamericanas de verdad — no solo mexicanas — donde encuentras harina de maíz precocida, panela, café colombiano, salsas, granos y productos empacados de la región. En ciudades más pequeñas la cosa se pone difícil y a veces toca comprar en línea y que te lo despachen.
Un truco que a mí me sirvió mucho: las tiendas asiáticas. La yuca, el plátano, el maracuyá, la guayaba, el cilantro en cantidades decentes y muchas frutas tropicales las conseguía más baratas ahí que en la tienda latina. No es lo mismo, pero se acerca.
¿Qué comida puedo traer de Colombia en la maleta?
Puedes traer alimentos, pero Australia exige declararlos en la tarjeta de llegada. Declarar es gratis y no es una infracción; no declarar sí lo es, y las sanciones de bioseguridad son serias.
Australia es una isla con un control de bioseguridad de los más estrictos del mundo, y esto no es un trámite decorativo. Hay que declarar carne, pollo, pescado y mariscos, huevos, lácteos, frutas y verduras; plantas y partes de plantas, incluidos granos, semillas, nueces, hierbas y medicinas tradicionales; productos de origen animal como comida para mascotas, conchas y productos de abejas; y hasta artículos con tierra pegada, como los zapatos que usaste en una finca.
O sea: mis diez latas de atún eran producto de origen animal y había que declararlas. Declarar no significa que te lo quiten — significa que un oficial lo revisa y decide. Lo que sí te puede costar caro es que te encuentren algo que no declaraste. Todo esto lo desarrollo en qué te preguntan al llegar al aeropuerto de Australia, y vale la pena leerlo antes de armar la maleta.
¿Qué es lo que más cuesta encontrar allá?
Lo fresco y lo artesanal: el pandebono recién hecho, el buñuelo de verdad, la fruta de tierra caliente y los productos de panadería. Lo empacado y estable se consigue casi todo.
Lo que se consigue sin drama: harina de maíz precocida, panela, café, frijol, lenteja, salsas y aderezos, dulces empacados. Lo que se consigue pero caro o solo en tiendas especializadas: quesos frescos tipo campesino o costeño, hogao ya hecho, arequipe, bocadillo.
Y lo que simplemente no vas a tener igual: la panadería de la esquina. El caldo de la mamá. La fruta que en Colombia cuesta dos mil pesos. Eso no se compra, y aceptarlo temprano ahorra frustración. Si vas a hacer cuentas de mercado con esto en mente, mira cuánto necesitas al mes para vivir en Australia.
“Aprendí a hacer arepas en una casa donde mi compañera era china y en la sala vivía una coreana. Terminamos las tres comiendo arepa con kimchi.”
Cocinar resultó ser la mejor terapia
Yo llegué sin saber cocinar casi nada. Aprendí allá, por necesidad y por nostalgia. Y descubrí dos cosas.
La primera: cocinar colombiano es la manera más barata de sentirte en casa una noche. Un sancocho un domingo de invierno vale menos que salir a comer y te repara algo por dentro que no sabía que estaba roto.
La segunda: tu comida es tu carta de presentación. Compartí casa con gente de China, Corea, Australia y Colombia, y las noches en que cada uno cocinaba lo suyo fueron las que de verdad nos hicieron amigos. Llevar arepas a un potluck del trabajo abre más puertas que cualquier conversación forzada. De eso hablo también en cómo hacer amigos australianos sin quedarte en la burbuja latina.
¿Cómo encuentro la tienda latina de mi ciudad?
Búscala en el mapa como Latin grocery, South American grocery o Colombian shop, y pregunta en los grupos de Facebook de colombianos de tu ciudad, que es donde está la información actualizada.
Los grupos de colombianos por ciudad son un directorio vivo: ahí la gente publica dónde llegó bocadillo, quién vende empanadas caseras, cuándo hay festival latino. También sirven para lo demás — vivienda, trabajo, trasteos.
Otra vía: los festivales latinos y colombianos que organizan las asociaciones en varias ciudades. Ahí se come, se compra y se conoce gente al tiempo. Y ojo con esto: llegar con hambre de casa a la primera semana es normal. Sobre cómo se siente ese arranque escribí en cómo es tu primer día de clase en Australia.
Lo que yo haría en tu lugar
Trae lo que te dé consuelo y decláralo todo, sin excepción, sin miedo y sin vergüenza. El oficial de bioseguridad no está para castigarte por traer panela; está para que no entre una plaga. La honestidad ahí no te cuesta nada y la mentira sí.
Y no llenes la maleta de comida. Yo lo digo con cariño de hija: las diez latas de atún de mi mamá me salvaron, pero lo que de verdad necesitaba era espacio para ropa y unos dólares más en el bolsillo. Prioriza dos o tres cosas de sabor imposible de reemplazar y ya. Lo demás lo consigues o lo aprendes a hacer.
Si estás armando el presupuesto del primer mes y no sabes cuánto meterle a mercado, escríbeme por WhatsApp y lo calculamos juntos con números de tu ciudad.