Durante mi primer año en Australia, mi papá murió de cáncer. Viajé de emergencia y alcancé a despedirme. No voy a adornar eso ni a sacarle una lección bonita: es la parte del sueño australiano de la que nadie habla en las ferias de agencias.
Pero sí aprendí algo que puedo darte, y es esto: la distancia no se maneja con buenas intenciones. Se maneja con rutina. Y la rutina hay que armarla desde la primera semana, no cuando ya te está doliendo.
¿Cuántas horas de diferencia hay entre Colombia y Australia?
Sídney y Melbourne van 15 horas adelante de Colombia, y 16 durante el horario de verano australiano. Brisbane siempre 15, Adelaida unas 14 y media y Perth 13.
Traducido a la vida real: cuando en Bogotá son las ocho de la noche del lunes, en Melbourne ya es el mediodía del martes. Tú vives en el futuro de tu familia. Eso suena chistoso hasta que te toca esperar a que amanezca en Colombia para dar una noticia.
Ojo con una trampa: Queensland no cambia la hora, pero Nueva Gales del Sur, Victoria, Australia del Sur y Tasmania sí aplican horario de verano, más o menos de octubre a abril. Es decir, la diferencia con tu casa cambia dos veces al año y las fechas se mueven. Confírmala cada temporada antes de programar algo importante.
¿Cuál es la mejor hora para llamar a Colombia desde Australia?
Tu mañana temprano cae en la tarde del día anterior en Colombia, y tu noche cae en la mañana colombiana del mismo día. Esas dos ventanas son las que funcionan.
Si estás en la costa este, llamar antes de salir a clase te encuentra a tu familia en plena tarde, que suele ser el mejor momento para ellos. Y llamar en tu noche, después del turno, los agarra desayunando. Lo que casi nunca sirve es la hora del almuerzo australiano: en Colombia son las dos o tres de la mañana.
Mi consejo real: escoge una sola ventana fija y defiéndela. Yo probé el modelo de hablamos cuando podamos y no funciona, porque siempre hay turno, siempre hay tarea, y las semanas se van. Un domingo a la misma hora es infinitamente mejor que cinco intentos fallidos entre semana.
¿Qué rutina funciona de verdad?
Una videollamada larga fija a la semana con toda la familia, más mensajes cortos diarios sin obligación de responder de inmediato. La constancia pesa más que la duración.
Lo que a mí me sirvió, y lo que le he visto funcionar a mucha gente:
- Una cita semanal inamovible. Mismo día, misma hora, aunque sean veinte minutos. Que ellos sepan cuándo es.
- Audios cortos, no llamadas de emergencia. Un audio de un minuto contando algo bobo del día sostiene más que una llamada de una hora cada tres semanas.
- Mandar fotos de lo cotidiano, no de lo espectacular. Tu cocina, el bus, el uniforme. Eso les permite imaginarte, y cuando te imaginan dejan de preocuparse tanto.
- Enseñarles a usar la herramienta. Suena tonto, pero dedicarle una tarde antes de viajar a que tu mamá o tu abuela sepan contestar una videollamada te ahorra meses de frustración.
- Avisar cuando vas a desaparecer. Semana de exámenes, doble turno, mudanza. El silencio sin aviso es lo que más los angustia.
¿Qué hago si pasa una emergencia con mi familia?
Habla de inmediato con tu institución y con quien te asesora. Las ausencias por circunstancias graves se manejan distinto, pero tienes que reportarlas y documentarlas, no simplemente dejar de ir.
Yo tuve que hacer ese viaje. Y lo primero que descubrí es que no hay vuelo directo entre Australia y Colombia: se arma con escalas y toma cerca de un día entero de puerta a puerta, en el mejor de los casos. Eso significa que una emergencia no se resuelve en horas.
Lo que sí puedes tener listo desde antes, y que te ruego que tengas listo: el pasaporte vigente con margen, la visa en regla, claridad sobre por dónde puedes hacer escala — recuerda que una conexión por Estados Unidos exige visa americana aunque sea solo tránsito — y un colchón de plata que no sea el del arriendo. Y del lado académico, no desaparezcas: tu asistencia importa y hay procedimientos. Lo explico en qué pasa si faltas mucho a clase en Australia.
“Nadie te dice que la parte más dura de irse no es extrañar. Es estar en dos lugares al tiempo y no estar completa en ninguno.”
¿Cómo manejo la sensación de estarme perdiendo todo?
Aceptando que sí te vas a perder cosas. No hay técnica que lo evite. Lo que ayuda es dejar de mirar la vida de allá en tiempo real y construir vida propia acá.
El cumpleaños, el grado del primo, el bautizo, el diciembre. Te los vas a perder. Y las redes sociales convierten eso en una herida abierta, porque ves la foto de la mesa completa sin ti, en vivo, mientras estás sola en una casa compartida a quince horas de distancia.
Dos cosas me ayudaron. La primera: bajarle a mirar. No es negación, es dosificación. La segunda: entender que ellos también están construyendo una idea tuya a partir de lo poquito que les muestras, y que si solo les muestras lo bonito, vas a terminar sola con lo difícil. Yo pasé por noches en las que quise comprar el tiquete de regreso — lo conté en la noche en la que quise devolverme.
Y si la nostalgia deja de ser un mal día y se vuelve un estado permanente, eso ya no se arregla con una llamada. Léete las señales de que necesitas apoyo en el proceso migratorio. Pedir ayuda allá es normal y hay servicios pensados para estudiantes.
Lo que yo haría en tu lugar
Antes de viajar, siéntate con tu familia y acuerden la rutina explícitamente: qué día, qué hora, cómo se avisa cuando algo cambia. Que no sea una promesa emocional en el aeropuerto, sino un plan concreto. Eso hace la mitad del trabajo.
Y prepara la conversación difícil también: qué pasa si alguien se enferma, quién te avisa, con qué plata se compra el tiquete. Ojalá nunca lo necesites. Si estás en la etapa de convencerlos, mira cómo explicarle esto a tus papás para que te apoyen.
Si esta es tu duda de fondo y no sabes cómo plantearla en casa, escríbeme por WhatsApp. Esa conversación la he tenido muchas veces, de los dos lados.