Mi mamá me metió diez latas de atún en la maleta antes de irme a Melbourne. Yo me reí. Esas latas fueron mi plan de supervivencia los primeros diez días, mientras entendía dónde se compraba qué y cuánto costaba todo en una moneda que no era la mía.

Ocho años después puedo decirte algo que me habría servido en esa primera semana: en Australia la comida no es el problema. Comer fuera sí lo es.

¿Es cara la comida en Australia comparada con Colombia?

El mercado del supermercado es manejable si compras como local. Lo que dispara el presupuesto es comer fuera: un almuerzo comprado en la calle cuesta varias veces lo que cuesta cocinarlo.

La comparación directa con Colombia engaña, porque conviertes a pesos y todo parece carísimo. La comparación que sirve es otra: cuánto de tu ingreso allá se te va en comida, comparado con cuánto de tu ingreso acá.

Y ahí el panorama cambia. Con lo que se gana por hora en Australia —la cifra actualizada está en cuánto se gana por hora en Australia— el mercado semanal es una parte razonable del presupuesto. Lo que no es razonable es almorzar comprado todos los días. Ahí es donde la plata se va sin que te des cuenta.

Un dato que sí vale la pena tener en la cabeza si estás eligiendo ciudad: la diferencia grande de costo entre Sídney y Melbourne está casi toda en el arriendo, no en la comida. Los precios de supermercado entre las dos son prácticamente iguales. Ciudades pequeñas o aisladas, en cambio, pueden tener mercado más caro por el costo del flete —Hobart es el ejemplo típico—. Si estás decidiendo, mira cómo elegir la ciudad correcta para estudiar.

¿Dónde se compra más barato en Australia?

En las cadenas de descuento y las marcas propias de los supermercados grandes, en las tiendas asiáticas y latinas para ciertos productos, y en los mercados de la ciudad al final del día.

El mapa de compras, más o menos, funciona así:

  • Los supermercados grandes —Coles y Woolworths— están en todas partes y son la opción cómoda. La clave ahí son dos cosas: las marcas propias, que son notablemente más baratas que las marcas conocidas y en muchos productos son idénticas, y los specials semanales, que rotan y salen en la app.
  • Las cadenas de descuento —Aldi es la más común— tienen menos variedad pero precios más bajos en lo básico. Mucha gente hace la compra grande ahí y completa en el supermercado normal.
  • Las tiendas asiáticas son el secreto peor guardado. Arroz, fideos, salsas, verduras, especias y a veces frutas: más barato y en presentaciones grandes. En las ciudades principales están por todos lados.
  • Los mercados de la ciudad —el Queen Victoria Market en Melbourne, Paddy's Markets en Sídney, el Salamanca los sábados en Hobart— son buenísimos para frutas y verduras, sobre todo al final del día, cuando los puestos rematan lo que no quieren guardar. Ir el sábado a las cuatro de la tarde es una estrategia, no una casualidad.
  • Las tiendas latinas existen y son un abrazo: harina precocida, panela, frijol, café. Pero son producto importado y se paga como tal. Yo las usaría para lo que de verdad no reemplazas, no para el mercado semanal.

¿Qué es barato y qué es caro allá comparado con Colombia?

Suele salir bien de precio la carne, el pollo, los lácteos, los huevos, el pan y la verdura de temporada. Sale caro lo importado, la fruta tropical, y sobre todo cualquier comida preparada.

Lo que sorprende para bien: la proteína. Carne, pollo, huevos y lácteos tienen precios que a la mayoría de colombianos les parecen razonables una vez ajustan a lo que ganan allá. Australia produce todo eso a escala.

Lo que sorprende para mal: nuestras cosas. El mango, la guanábana, el maracuyá, la panela, el bocadillo, la harina de arepas. No porque Australia sea cara, sino porque son importados y de nicho. Y una advertencia práctica que se conecta con la llegada: la panela, el café en grano, las semillas y las hierbas hay que declararlos en el aeropuerto —está todo en qué te preguntan al llegar al aeropuerto—.

Y lo que de verdad hay que vigilar: la comida preparada. El café de la mañana, el almuerzo del food court, el domicilio del viernes. Cada uno se ve pequeño. Juntos son la diferencia entre llegar al final del mes tranquilo o apretado.

“No dejé de comer rico en Australia. Dejé de comprar comida hecha, que es una cosa completamente distinta.”

¿Cómo se cocina en una casa compartida?

Con acuerdos claros: espacio propio en nevera y alacena, turnos de cocina y de aseo, y si se comparte mercado, una lista de lo común separada de lo de cada uno.

Yo viví con una china, una australiana, una coreana, un coreano, otra colombiana, y después con varias parejas de colombianos. Compartí cocina durante cuatro años antes de tener apartamento propio. Aprendí lo siguiente por las malas:

Define el espacio desde el día uno. Tu estante, tu bandeja en la nevera, tu caja en la alacena. Suena excesivo hasta que desaparece tu leche.

Turnos de cocina. Si son cuatro y cocina uno cada noche, cocinas una vez y comes cuatro. Es la mejor economía doméstica que conocí allá, y de paso es donde se hacen las amistades. La mía empezó así —lo cuento en cómo una desconocida se volvió mi familia en Australia—.

Cocina para varios días. Domingo por la tarde, una olla grande, porciones en recipientes. Eso es lo que hace que a las siete de la mañana, saliendo a clase o a un turno, no compres desayuno afuera.

Lleva almuerzo. Sin excepciones. Es la decisión que más plata mueve de toda esta lista, y no se nota en la calidad de vida.

Aprovecha la cocina de la casa antes de comprar. Muchas casas compartidas ya tienen ollas, sartenes y platos. No compres un equipo completo la primera semana; mira qué hay.

Comer bien también es parte del plan

Quiero decir esto porque el consejo de austeridad se vuelve tóxico rápido: comer barato no es comer mal, y ahorrar hasta el último peso comiendo arroz con huevo un año entero no es una estrategia, es un desgaste.

Australia tiene una escena de comida callejera multicultural que es parte de la experiencia. Salir a comer una vez a la semana con la gente de tu casa, o probar el barrio vietnamita, o el mercado de comida de tu ciudad, tiene un valor que no se mide en el presupuesto. Los primeros meses son duros y solitarios —de eso hablo en la verdad sobre la soledad y la comunidad latina— y compartir una mesa cuenta.

Lo que yo haría es presupuestarlo. Que salir sea una línea del presupuesto, no un accidente. Una salida planeada cuesta menos que tres improvisadas.

Lo que yo haría en tu lugar

La primera semana, antes de llenar el carrito, iría a un supermercado grande y a uno de descuento solo a mirar precios y anotar. Sin comprar. Suena raro pero te calibra la cabeza en dos días en vez de en dos meses.

Después armaría un menú de cinco platos que sé hacer, con ingredientes que allá son baratos, y rotaría. Y metería la comida como línea fija en el presupuesto semanal, junto al arriendo y al transporte —así como te lo planteo en el presupuesto de tu primer mes—.

Y llevaría dos o tres latas de atún —declaradas en la tarjeta de llegada, que el pescado enlatado también se declara—. No por la comida. Porque el día que llegas, cansado y sin saber dónde queda nada, tener algo de comer en la maleta es más tranquilizador de lo que suena.

Si quieres que miremos cómo se ve tu presupuesto semanal completo con tu ciudad y tu curso, escríbeme por WhatsApp.